Huracán María en Puerto Rico

Jessica Rinaldi, Globe Staff

Cuando me bajé del avión en San Juan, 8 días después de la devastación, los veo. Una masa de gente intentando desesperadamente salir del país. Están saturando el aeropuerto: familias, gente en silla de ruedas y personas de todas las edades. Algunos llevan días ahí acampados. Es la primera de las millones de colas largas que me voy a encontrar en los próximos seis días en la isla. La gente está esperando por cosas que nosotros damos por sentado: gasolina, ropa limpia, dinero, agua, comida, medicina, refugio…

Al principio las colas de personas son asombrosas, pero después de un rato te calienta la sangre. Fuera de San Juan las marcas del huracán María están por todas partes. El terreno está totalmente sin hojas en los árboles, hay escombros dispersos por todas partes y casas sin tejados.

Yendo hacia el oeste me encontré con una pareja que está en el arcén de la autopista con una bolsa de ropa sucia. Cuando me di media vuelta para tomarles una foto han bajado la cuesta a un arroyo para lavarla. Unas cuantas salidas después en Toa Baja, hay gente sacando el barro de las casas con palas.

Manuel Alberto Ruiz me cuenta la desgarradora historia de cómo rescató a su vecina a medida que la calle se iba inundando en medio de la tormenta. La llama para demostrar como lo hizo, colocándola bajo su brazo y arrastrándose con el otro. Los dos se ríen aunque ahora mismo están tirando a la basura todo lo que poseen. Esa misma noche la esposa de Manuel me escribió un email pidiendome si podía enviarle unas fotos que le hice a sus bebés. Las fotos enmarcadas están cubiertas de barro y Manuel las ha estado tirando. Su esposa quería esas fotos para sus niños en el futuro. “¡Gracias! No tienes ni idea de lo que estas pocas fotos significan para nosotros!” me dijo. Leyéndola desearía poder hacer más. Te entran ganas de arreglar las cosas, así que aprieto el botón de la cámara con esperanza y disparo, y que siga la esperanza.

En Corozal, Orlando Gonzalez sostiene a su hija Nahielys durante el funeral de su vecino que murió por la tormenta. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
El sol se pone en Morovis, mostrando a los árboles desfoliados (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Una niña juega con su lámpara mientras que ella y su familia escapan el calor de su apartamento que aun no tiene electricidad. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Un vecino anda sobre un trozo de metal que cayó de la casa de Carmen Charriez en Caguas. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Eric La Luz (15) ha estado sacando el barro y escombros de su casa a un montón creciente en la calle. Ahora descansa contra una plancha de madera húmeda. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Miriam Ruiz espera dentro de urgencias en Caguas con su padre, Luis Alberto Ruiz. Él intentó suicidarse tras el hurracán. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Jose Rosado, Alexi Crepo y Chiki Rivera observan como una vaca a la que recuperaron intenta saltar fuera del traile en Arecibo. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Kened Joel Torres (18) saca los escombros de su casa mientras limpia el daño del hurracán. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Un ser querido consuela a Ana Ruiz en Corozal mientras el funerario se dispone a cerrar el ataúd de su esposo, Victor Ruiz. Éste padecía Enfisema y murió tras estar esperando 35 horas para obtener gasolina. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
La hija de Victor Ruiz alcanza con su mano la de su padre durante su velatorio el 2 de Octubre en Corozal. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Miguel Martínez (28) sobre lo que queda de su tejado de su casa en Toa Baja mientras espera que vengan con maquinaria pesada y quiten los escombros. Martínez ha trabajando 2 años en la casa que en su día perteneció a su abuela. “En 24 horas, todo perdido” me dijo. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Luces delanteras y traseras de unos camiones iluminan a la gente que empuja para llenar contenedores bajo una corriente de agua en Corozal. Quieren conseguir agua potable de la fuente en medio de la oscuridad. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
En Toa Baja, un niño en pie en medio del agua sucia dentro de su casa. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Carlos Hernandez y Elisabet Nieves limpian su ropa en un pequeño arroyo junto a la autopista en Sabana Seca. Su techo salió volando de la casa durante el huracán María y la casa luego se inundó de agua. Han estado viviendo con la madre de Nieves en una casa de cemento donde hay cinco de ellos durmiendo en el suelo. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Geraldo Rivera (51) ayuda a su vecino a mover un ropero arruinado por el agua dentro de su casa en Tao Baja. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Terneros que murieron durante el huracán María descomponiéndose en el campo del ganadero Ortiz Rodríguez en Arecibo, Puerto Rico. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Deborah Estremera se limpia el pelo junto a un chorro público en Arecibo. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Alexi Crepo sentado y vigilando un par de vacas que fueron desplazadas por el huracán María en Arecibo. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Una familia iluminada por la luz del carricoche de un vendedor callejero mientras escapan del calor de su apartamento público, que aun sigue sin electricidad desde el huracán. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Gente esperando en la cola por horas para poder hacer la colada en la lavandería Pink Coin de Caguas. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
En Corozal un hombre se asoma desde una cueva ayudando a redirigir agua de la fuente a las tuberías de PVC. La gente está usando las tuberías para llenar su garrafas con agua potable. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Una foto de un bebé cubierto de barro fuera de una casa en Toa Baja. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Jensen Santos Perez lleva un cubo de ropa que su prima Elisabet Nieves ha lavado en el arroyo junto a la autopista de Sabana Seca, Puerto Rico. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Miguel La Luz de reflejo en un espejo atravesado de barro mientras intenta sacar un ropero roto por el agua que entró en su casa en Toa Baja. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Eric La Luz (15) sacando un cubo de basura lleno de barro y basura de su casa de Toa Baja a una pila creciente fuera. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Pablo Martínez (64) mirando su móvil dentro de las casas de acogida públicas de San Juan, las cuales están sin electricidad. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Niños jugando en un arrojo mientras llueve en Yabucoa. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
En el hospital de San Pablo en Cagua, Carmen Navedo está tumbada en el pasillo con el intravenoso en el brazo. Navedo no ha podido recibir su tratamiento de quimio desde hace dos semanas por el huracán. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Un conductor preparado para marcharse de la terminal Buckeye Caribbean, Puerto Rico, con un trailer lleno de gasolina. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Carmen Charriez (71) cruzando la calle a la casa a la que se ha mudado en Yabucoa. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Un hombre sostiene sus garrafas de gasolina mientras espera en la cola para comprarla en la estación de servicio en Yabucoa. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
César Díaz (72) mira por la ventana del dormitorio a la masa de metal corrugado que ahora cubre su terreno en Yabucoa. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Dorca Carillo recibe su tratamiento de diálisis en el hospital de San Pablo en Caguas. Con su centro de tratamiento caído y con algo de gasolina en su coche tras el huracán, Carrillo no pudo recibir su tratamiento toda una semana. Temía poder morirse. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
En Corozal, Puerto Rico, los hombre esperan para poder llevarse agua potable en sus garrafas. Usan linternas para ver lo que hacen. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)
Un paciente yace en una cama de hospital en el pasillo junto a urgencias en el Hospital San Pablo en Caguas. (Jessica Rinaldi/Globe Staff)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.