Alternativa B 004 – El perdón [Proverbios 17:9]

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Proverbios 17:9 “El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos.”

Hola y bienvenido, bienvenida a “Alternativa B – Otra forma de vivir la vida”. El tema de hoy es un tema muy interesante. El perdón es una cosa, un principio, un sentimiento, una acción, que se ve poco hoy en día. Sin embargo, se come por dentro al que no es capaz de hacerlo. Seguro que tu ya has perdido la cuenta de todas las cosas malas que te han hecho a lo largo de la vida. Algunas las habrás perdonado, pero otras…

CORRIE TEN BOOM

En septiembre de 1944 la familia de relojeros Ten Boom estaba pasando una tranquila tarde en su casa de Holanda cuando, de repente, la Gestapo echó abajo la puerta. La familia había estado ayudando a judíos a esconderse y les habían pillado. Corrie y Betsy eran las hijas de este matrimonio.

A las pocas horas de ser deportadas al campo de concentración de Ravensbrück, su padre fue asesinado. Unos meses más tarde, en diciembre, su hermana Betsy también murió. Corrie se quedó totalmente sola de su familia, enfrentando sin esperanza el día a día de un campo de horrores nazi.

Por un error administrativo, la dejaron salir. Unos días más tarde mataron en ese campo a todas las mujeres de su edad. Corrie pasó el resto de su vida hablando de la fuerza para sobrevivir y salir de aquel infierno, pero su prueba más dura aun no había llegado.

Estaba en una iglesia de Berlín hablando cuando se me acercó un hombre y me dijo “Señorita Boom, me alegro de verla”. Pero  no estaba seguro de reconocerlo. Y entonces recordé a ese hombre: Era uno de los guardias más crueles que había tenido en el campo de concentración. Mientras me ponía pálida el hombre siguió hablando: “Ahora soy cristiano, he encontrado a Jesucristo. Leo mi Biblia y sé que hay perdón para todos los pecados del mundo, incluso los míos. He sido perdonado por las atrocidades que cometí. Pero le he pedido a Dios fuerzas para poder tener la oportunidad de pedir perdón a una mis víctimas. Así que, señorita Ten Boom, tú que ya has sido perdonada… ¿me perdonas?”. Pero yo… no pude.

Empecé a recordar el sufrimiento de mi hermana muriendo por culpa de él. Pero cuando vi que no podía perdonar me di cuenta que yo misma no tenía perdón. Porque Jesús dijo “Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos perdonará vuestras ofensas”. Pero yo no era capaz de perdonarlo, ¡solo podía odiarlo!

Entonces tomé uno de esos textos hermosos en Romanos 5:5 “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” y pensé “gracias Dios por el amor que me has dado. Gracias porque tú amor es mayor que mi odio y resentimiento. En ese mismo momento… fui libre. Y pude decirle “dame tu mano” y nos las estrechamos. Y fue como si el amor de Dios fuera una descarga eléctrica por mis brazos. Nunca habrás tocado de esta manera el océano del amor de Dios como cuando perdonas a tus enemigos.

¿Puedes perdonar algo así? Claro que no. Ni yo tampoco. Pero Jesús sí.

Entonces, Benji, ¿de que va el programa? Si yo no creo en Dios… ¿cómo voy a perdonar? Es más, tú ahí desde tu micrófono de la radio no tienes ni idea de lo que me han hecho. Ni es perdonable ni pienso perdonar. Yo te respondo: Ok, vale. Pero ¿te atreves a escuchar?

FALTA DE PERDÓN Y SUS CONSECUENCIAS

La falta de perdón es clasificada en los libros médicos como una enfermedad, que crea un estado de ansiedad crónica y retrasa la recuperación llegando hasta la muerte. Negarse a perdonar hace que la gente siga enferma y los mantiene de esa manera, sostiene un estudio del Dr. Steven Standiford, jefe de cirugía en el Cancer Treatment Centers of America, según publica CBN News.

Con esto en mente, la terapia del perdón está siendo utilizado para ayudar a tratar enfermedades, como el cáncer. “Es importante para el tratamiento de heridas o trastornos emocionales, porque pueden obstaculizar las reacciones a los tratamientos, incluso la voluntad de alguien para seguir el tratamiento”, explicó Standiford.

De todos los pacientes con cáncer, el 61 por ciento tienen problemas para perdonar, y de ellos, más de la mitad son graves, de acuerdo con la investigación por el Dr. Michael Barry, un pastor y el autor del libro, “El Proyecto de perdón”.

“La ansiedad crónica produce muy predecible exceso de adrenalina y cortisol, que agota la producción de células naturales que defienden nuestro organismo, que son como un soldado de a pie en su cuerpo que luchan contra el cáncer”, explicó el Dr. Michael Barry

¿ENTONCES… POR QUÉ ES TAN DIFÍCIL PERDONAR?

Algunas de los factores que más dificultan el lograr perdonar tienen que ver con malos entendidos que tenemos con respecto a lo que implica el perdón y a estados mentales que nos cuesta soltar, y puntos de vista que nos cuesta cambiar en nuestro camino hacia el lograr perdonar.

En cuanto a los malos entendimientos con respecto al perdón, es vital aclarar lo que no es perdón:

  • No es justificar comportamientos improcedentes o negativos propios o de los demás
  • No quiere decir que aprobamos o defendemos estos comportamientos ni excluye tomar medidas para cambiar la situación o proteger nuestros derechos
  • No es hacer como que todo va bien cuando sentimos que no es así
  • No se puede ofrecer un perdón verdadero si se niega o hace caso omiso de la rabia, el dolor y el resentimiento.
  • No es adoptar una actitud de superioridad. Si se perdona a alguien por lastima o por tonto es que se confunde perdonar con ser orgulloso o criticón
  • No significa que yo cambie de comportamiento, a no ser que realmente desee hacer eso.
  • No exige que le comuniquemos directa o verbalmente a la persona que la hemos perdonado

El perdón solo requiere un cambio de percepción de las personas o circunstancias que creemos que nos han causado dolor o daño.

En cuanto a los puntos de vista y los estados mentales que nos mantienen en el no perdón, podemos identificar:

  • El juzgar las situaciones en términos absolutos: A quien llamamos ofensor es “la persona mala de la película que me hizo lo que me hizo a mí que no me lo merezco”. Le atribuyo a esa persona afuera la responsabilidad total de lo que me está pasando. Por eso decimos “te perdono” y “no te perdono”, poniendo al otro en el banquillo de los acusados.
  • No asumir ninguna responsabilidad en el asunto: creer que el daño y el que lo hace es únicamente por personas externas. Cuando entendemos lo que nos sucede de esa manera, condenamos, juzgamos y castigamos. Así, la responsabilidad total de lo que sucede está afuera, nosotros no tenemos nada que ver.
  • Tomarlo todo personal: pensamos que somos demasiado importantes y que todo mundo anda haciendo o no haciendo cosas pensando en nosotros, entonces surge “Mirá lo que ME hizo” sin darnos cuenta que TODOS andamos por ahí haciendo cosas sólo pensando en nosotros mismos, en nuestra felicidad y la satisfacción de nuestros propios deseos y necesidades. Que uno haya sido afectado por la acción de alguien más, es totalmente circunstancial, aunque nos cueste verlo.
  • Mantenemos un doble estándar: Especialmente cuando nos sentimos heridos o lastimados, tendemos a exagerar lo “buenos” que somos y al mismo tiempo exagerar lo “malo” que es el otro. Somos hipercríticos hacia el otro cuando no aceptamos la idea de que determinada persona haya hecho cosas que nos duele tanto sin acordarnos de las ocasiones en que nosotros mismos hemos hecho cosas que otros han podido juzgar o vivir como hirientes o dañinas. En esas ocasiones, nosotros siempre tenemos una explicación o justificación para nuestros actos, tenemos una razón para hacerlo. Se nos olvida que los demás, de igual manera que nosotros, seguramente también tienen razones que, desde sus puntos de vista son totalmente válidas y justificadas para haber hecho lo que hicieron.
  • Enfocarnos demasiado en querer entender: El ver que todos tenemos nuestras razones para hacer las cosas nos debe llevar a la compasión, al poder ver al otro como mí igual. Sin embargo, la tendencia es a obsesionarnos con tratar de entender estas razones, tarea inútil y sin sentido, porque no podemos y porque no nos ayuda a sentirnos mejor, solo nos mantiene en el juicio y el sufrimiento)

Todo esto nos lleva al odio. Rechazamos a quien nos ha hecho daño. El odio pocas veces es asumido. Pensamos “yo no odio pero perdono”, lo cual es un sinsentido. Desde el momento en que algo que no me gusta y lo rechazo, estoy odiando. Especialmente cuando exagero las cualidades negativas de lo que pasó. Y esto sólo nos condena a seguir sufriendo.

Perdona y saca todo veneno guardado
Permite la salida del rencor acumulado
Perdona, reacciona y regresa al presente
Lo que pasó se fue ya no lo tengas pendiente
Quizás hayas pensado que no hay una razón
Que no fuiste culpable de lo de tu corazón
Pero en ocasiones el perdón por algo trágico
Habrá que darlo, aunque suene ilógico
“Porque el perdón es…”
Es más que un sentimiento, es más que una emoción
El tiempo no te ayuda, tuya es la decisión
Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión
Porque no fue tu culpa, otorga el perdón

Alex Zurdo con sus rimas sublimes nos recuerda que la falta de perdón es como una prisión. También el filósofo Maz Scheler dijo que “Una persona resentida se intoxica a sí misma”. Como ves, el perdón es casi una necesidad humana para ser libres.

BENEFICIOS DEL PERDÓN

  • Te libera del estrés. Un estudio de la Universidad de California revela que al perdonar puedes relajarte y bajar tus niveles de ansiedad.
  • Tu corazón está más sano. El Journal of Social and Personal Relationships afirma que el perdón tiene efectos positivos sobre la reducción de la presión arterial.
  • Tu sueño es más reparador. Al no tener que lidiar con resentimientos ni ira, tu cuerpo y mente realmente descansarán y dormirás mejor. ¿Duermes fatal? Comprueba si no tienes falta de perdón.
  • Mejoras tu carácter. Cuando perdonas, tú tienes el control de tu vida y no otorgas el poder de tus emociones a nadie más.
  • Reduces el dolor. ¿Sabías que perdonar a aquellos que te hicieron algún daño puede reducir el dolor tanto emocional como físico? ¡Te vuelves más fuerte!

Esta semana pasada y preparando este programa llamé a una amiga de mi infancia en Castellón para pedirle perdón por un daño que yo le ocasioné. La verdad es que se sorprendió mucho de la llamada, pero me lo agradeció. Y acto seguido pasó a contarme lo bien que iba su vida y como estaba feliz en su estado actual. No solo yo me quité un peso de encima, también hemos podido restablecer una relación amistosa de nuevo.

ALGUIEN TIENE QUE PAGAR EL PRECIO

Cuando te hacen daño, mucho daño, es natural esperar que en algún momento nos van a pedir perdón. Así el abusador, el castigador, el verdugo, el malo, pide perdón y asume el peso de la confesión y consecuencias. Pero no siempre es así, hay muchas veces que la persona que nos hizo daño deje de ser parte de nuestras vidas, que nos ignore, ¡o que ni siquiera sepa que nos hizo daño! ¿Qué hacer entonces?

Cuando se hace daño, se genera un precio. El perdón TIENE precio, ya que el daño ha tenido coste. Repito: El perdón tiene precio porque el daño ha tenido un coste. Si el malo no nos pide perdón, todo el peso queda de nuestro lado, las víctimas. Entonces solo queda una persona para pagar el precio: yo mismo.

Es decir, que cuando decides perdonar es porque estás asumiendo el precio, el coste de ese perdón. Alguien tiene que pagar. Y aunque sea injusto que sea la víctima, no todo en la vida es justo. Esto es lo que en justicia se llama un indulto. Un perdón no merecido. Pero recuerda que no lo haces para que el malvado o malvada se sienta mejor o sepa nada (no tienes por qué decírselo). Lo haces por ti mismo, por ti misma, porque las consecuencias de no hacerlo son terribles y los beneficios de perdonar son muchos.

Y si te consideras discípulo de Jesús, lo haces porque Él te manda que lo hagas y punto. Dios ya conocía todo esto de antemano y lo ilustró en Mateo 18:21-22. Pedro acaba de oír el consejo de Jesús sobre intentar resolver cara a cara los problemas que puedan surgir entre hermanos. Ahora, al parecer, quiere saber cuántas veces debe intentarlo.

Pedro le pregunta a Jesús: “Señor, si mi hermano peca contra mí, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta 7 veces?”. Algunos líderes religiosos enseñaban que hay que perdonar a los demás un máximo de tres veces. Así que es probable que Pedro piense que está siendo generoso al decir que perdonaría a un hermano “hasta 7 veces” (Mateo 18:21).

Sin embargo, la idea de llevar la cuenta del número de veces que alguien nos ofende no está de acuerdo con lo que enseña Jesús. Por eso, él lo corrige diciéndole: “No, hasta 7 veces no, sino hasta 77 veces” (Mateo 18:22). En otras palabras: sin límites. Pedro debe perdonar a su hermano todas las veces que haga falta.

UNA HISTORIA SIN PERDÓN

Cuando no perdonamos, nos puede pasar como en esta historia. Hubo una vez un millonario que empezó a hacer cuentas y se dio cuenta de que uno de sus hombres de la empresa le debía 2,8 mil millones de euros. O para ponerlo en perspectiva: Le debía a 48 euros el día, 60.000 años de salarios completos. Una barbaridad de dinero. Lo mandó llamar para arreglar cuentas y como no lo podía devolver, amenazó con embargarle todo, incluso a su familia. El hombre suplicó y al final el millonario se apiadó de él y le perdonó la deuda.
A los pocos días de haber sido perdonado, el trabajador se encontró con un compañero que le debía unos 4000 euros. El compañero le suplicó que le dejase algo de tiempo para juntar lo que le debía, pero el hombre perdonado no tuvo compasión y le puso una denuncia para que fuera a la cárcel a pagar lo que le debía.
Obvio, otros compañeros avisaron al jefe y éste volvió a llamar al trabajador y le acusó, con razón, de falta de perdón. Le había perdonado 60.000 años de trabajo y por un solo trimestre del compi, lo denunció. Así que ahora le rescindía el perdón y le iba a hacer pagar todos y cada uno de los euros que le debía.

Si la historia te suena es porque la contó Jesús en Mateo 18. Y es el símil perfecto de lo que puede llegar a pasar si no perdonamos. Puede que los que nos han perdonado a nosotros vengan a cobrar la deuda. No olvides, lo que siembras, cosechas. Si siembras perdón, lo cosecharás también. Si no… ¡cuidadín!

CONCLUSIONES DE PERDONAR A OTROS

Pues obviamente el resumen de todo esto es que lo mejor que puedes hacer es perdonar las ofensas. Eso no significa dar carta blanca al ofensor ni hacer como que no pasa nada. Pero sí significa una mejora en la calidad de vida para ti. Si no consigues que te pidan perdón, debes pagar tú el precio y perdonar dentro de ti.

Ahora tendremos una pausa antes de pasar a la siguiente parte. ¿Y que pasa cuando la persona que tiene que perdonarme soy yo mismo?

Proverbios 17:9 “El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos.”

I ran away from the pain
always breaking down inside
Incomplete
but now I see
This won’t be the end of me
Huí del dolor
Siempre algo roto en mí
Incompleto
Pero ahora veo
Que esto no será mi final

PERDONARTE A TI MISMO

Nuestros amigos de Ashes Remain – End of me. Hablando de ese dolor desgarrador de alguien que se siente roto o rota por dentro. Tal vez tú te sientas así. Tal vez resulta que la persona que te ha ofendido eres tú misma. Tal vez te has hecho daño y no eres capaz de perdonarte. ¿Es ese tu caso? Pues tengo buenas y malas noticias.

La biblia nunca habla acerca de la idea de “perdonarte a ti mismo”. Se nos dice que debemos perdonar a otros cuando ellos nos ofenden y buscan el perdón. Cuando pedimos el perdón de Dios basados en que Cristo ya ha pagado por nuestros pecados y habiendo confiado en él como Salvador y Señor, él nos perdona. Es tan sencillo como eso (1 Juan 1:9). Sin embargo, aunque somos liberados de la esclavitud del pecado (tal como se habla en Romanos capítulos 6-8), todavía podemos revolcarnos en el pecado y actuar como si no estuviéramos libres de él. Asimismo, con sentimientos de culpa, podemos aceptar el hecho de que somos perdonados en Cristo, o podemos creer la mentira del diablo de que todavía somos culpables y por lo tanto debemos sentirnos culpables.

La biblia dice que cuando Dios nos perdona, él “ya no más se acordará de nuestro pecado” (Jeremías 31:34). Esto no significa que el Dios omnisciente se olvida porque él nos perdona. Por el contrario, él decide no traer nuestro pecado para sí mismo o para otros. Cuando nuestros antiguos pecados vienen a la mente, podemos elegir permanecer en ellos (con los resultantes sentimiento de culpa), o podemos elegir llenar nuestras mentes con pensamientos del grandioso Dios que nos perdonó, agradecerle y alabarlo por eso (Filipenses 4:8). Recordar nuestros pecados sólo es beneficioso cuando nos recuerda la magnitud del perdón de Dios y hace que perdonar a los demás sea más fácil para nosotros (Mateo 18:21-35).

Lamentablemente, hay personas que no “se perdonan a sí mismos”, es decir, que no se mueven más allá de su pasado, porque realmente no quieren olvidarse de sus antiguos pecados, eligiendo más bien el seguir obteniendo una emoción sustituta de revivirlos en sus mentes. Esto, también, es un pecado y se debe confesar y abandonar. Un hombre que codicia a una mujer en su corazón es culpable del pecado de adulterio (Mateo 5:28). De la misma manera, cada vez que queremos revivir mentalmente nuestro pecado, cometemos el mismo pecado otra vez. Si esto está sucediendo en la vida de los cristianos, el patrón de pecado, culpa, pecado, culpa, puede ser destructivo y nunca termina.

Si no eres cristiano, aun es peor. Ni siquiera crees que Dios te haya perdonado nada ya que no confías en Él. ¿Qué salida tienes? En psicología moderna se ha acuñado esa frase de “perdónate a ti mismo”. Tal vez tomaste una decisión y ahora, tiempo después, te das cuenta que era una decisión incorrecta y con consecuencias terribles. Por ejemplo, hay mujeres que abortan sin saber las consecuencias que traerá esa decisión hasta que sea demasiado tarde. Hay gente que se divorcia para buscar algo mejor sólo para terminar peor o sola. Hay otros que deciden estudiar algo que luego no les trae provecho. Hay otros que en un calentón le dan un tortazo a su pareja o a sus hijos. Ya ni te hablo si has matado o violado a alguien. También muchas mujeres y algunos hombres sufren hoy en día rencor y falta de perdón por estar obesos, o no tan fuertes, o lo que sea.

Igual por todas estas cosas has pedido y te han otorgado el perdón. Pero tú no te sientes libre, ¿qué está pasando?

  • No estás valorando la ofensa objetivamente. Como todo esto es un diálogo interno, tendemos a ser subjetivos. Busca a alguien a quien puedas explicarle objetivamente lo que te pasa, confiesa y pon las cosas en perspectiva. Tu amigo o amiga puede ser de gran ayuda porque te conoce bien.
  • Valora, objetivamente, el precio que estás pagando por no perdonar. Ya sabes que el rencor y la culpa sólo te hacen daño a ti. Sabes además que ese rencor y esa culpa generan emociones y pensamientos rumiantes y enquistados que sólo te provocarán sufrimiento y malestar. Incluso te pueden generar enfermedades porque baja tu sistema inmunológico. Ya ni hablamos del precio “social” que estás pagando por no perdonar. Tal vez si piensas lo caro que te está saliendo, te da fuerzas para salir de ahí.
  • Aprende de la experiencia y perdona de corazón. Cierra tu herida emocional y da por concluido ese episodio de tu vida. Da por zanjado ese tema, ya forma parte del pasado. Aprende de la experiencia, aprende lo que necesites aprender y olvida la ofensa. Echa la culpa y el rencor de tu cuerpo de la misma manera que un gato echa bolas de pelo. Deshazte de esos puntos negros que hay dentro de ti.
  • Agradece este aprendizaje que te ha brindado la vida. Pero sobre todo aprende de él y aprende a evitarlo en el futuro. Agradece que la vida te haya puesto esta prueba, que te haya puesto en una situación tan delicada y emocionalmente intensa. Has podido aprender mucho de ti mismo y de los demás, incluso has podido entrenar tu respuesta emocional

En esto el amor y el perdón son exactamente lo mismo. No son sentimientos, no son emociones, no son pensamientos subjetivos. Son pura y simplemente decisiones. Cuando eliges amar a alguien, no lo haces por sus defectos, sino porque amas más sus virtudes. Cuando decides perdonar a alguien es porque valoras más su amistad que su ofensa. Si te perdonas a ti mismo, es porque te valoras más que la ofensa que te hiciste a ti mismo o a ti misma.

La Biblia aquí es clara, si no nos perdonamos a nosotros es que no hemos aceptado el perdón de Dios, y eso nos pone en el brete. No puede ser que Dios nos perdone y nosotros no. Además, no hay precedente bíblico. Ni un solo personaje de la Biblia oró “Señor ayúdame a perdonarme”. Eso es una barbaridad teológica. No digo que psicológicamente no sea un proceso con sentido, pero no es un proceso espiritual bíblico. Por tanto, es algo que tienes que arreglar con tu conciencia. Usa los cuatro puntos anteriores como lugar de despegue y no olvides usar a una amistad en caso de necesidad.

EL MAYOR PERDÓN DE TODOS

La mayor deuda de todas es sin duda la que tenemos con Dios. Dios es un ser que además de creador es tres veces santo. Lo único que Él no puede hacer ni tolerar es el pecado, porque va contra su misma naturaleza. Cada vez que pecamos atentamos contra la naturaleza de Dios.

Por ponerlo en perspectiva: Imagina que a ti lo que más te duele es que te rayen el coche cada vez que se cruzan contigo. Y cada vez que te cruzas con una persona, lo hacen. Es lo que más te ofende, es lo que va más contra tu naturaleza. Y en tu vida todas las personas que se cruzan contigo te rayan el coche. Queriendo y sin querer. Cuando miras y cuando no miras. Tienes el coche hecho un asco. Así es como pasó con Dios. Su coche es nuestro planeta, su creación. Y cada vez que pecamos infligimos un daño a su creación y vamos contra Él, que no tolera el pecado.

Hemos ofendido a Dios profundamente. Él se siente muy agraviado, afligido y enfadado por nuestros pecados. ¿Y cómo reacciona? Dios es el autor del perdón por excelencia, así que, igual que cuando mencioné que alguien tiene que pagar el precio del perdón, Dios mismo se hizo humano y asumió todas las ofensas. Y lo hizo en la persona de Jesús.

Y ese es el mayor perdón de todos. Toda tu vida pecadora es una ofensa a Dios, pero Él te ofrece el perdón. De hecho, solo tienes que aceptarlo y no seguir machacándote por cosas pasadas. Te ofrece libertad de tu culpa y desesperación por hacer las cosas bien. Un borrón y cuenta nueva.

Si quieres aceptar ese perdón, haz conmigo esta oración:

“Dios, sé que te he ofendido con mis pecados. Te pido perdón por ellos y te doy gracias por perdonarme. Confieso que Jesús es Dios hecho hijo y que vino a cargar con toda mi culpa y pecado en la cruz. Te ruego que entres en mi vida y me transformes y me ayudes a perdonar como tú me has perdonado a mí. En el nombre de Jesús, amén”.

Si tu has hecho esta oración, llámanos al 912 88 22 00 y te ayudaremos con los siguientes pasos. Esto es sólo el principio de una vida nueva en la que muchos hemos encontrado la esperanza y el perdón.

Recuerda el proverbio de hoy. Proverbios 17:9 “El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos.”

Nos despedimos todo el equipo. Benji Frugoni en el micrófono, Karlos en la mesa de mezclas y sonido y el equipo telefónico. Y recuerda, “Alternativa B – Otra forma de vivir la vida”.

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